El recibo de la luz, ese papel que no se mira, que llegaba al buzón cada dos meses, que ha pasado a ser mensual y que nadie recuerda que haya bajado nunca, se puede comparar con una gran marmita en la que se han arrojado tantos ingredientes que nadie los recuerda con detalle. Periódicamente, la olla hierve y algunos ingredientes, olvidados, llegan a la superficie. En época de bonanza, cuando la demanda eléctrica crece, la factura engorda y los céntimos no cuentan, la marmita acepta todas las cucharas y da para alimentar muchas bocas. Pero en época de crisis, cuando los usuarios se ven obligados a controlar los gastos al máximo, la cosa es distinta. La boca de la marmita se estrecha y cada ingrediente se examina con interés científico […]

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