La reciente victoria del representante del , Donald J. Trump, que se impuso a la demócrata en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, ha sumido al conjunto de la población, tanto estadounidense como del resto del mundo, en una situación de incertidumbre. ¿Quién no se levantó el miércoles 9 de noviembre y, al ver la noticia en su smartphone, no se preguntó cómo le afectaría dicha victoria? Y dichas dudas eran normales, si consideramos que hasta el mismo día de las elecciones los sondeos daban la victoria a su oponente.

De modo que, tras una controvertida campaña electoral, toca pararnos a analizar las propuestas que realizó Trump, y ver cómo afectarían a la economía estadounidense y, por ende, a la mundial, si se pusieran en práctica.

En primer lugar, respecto al sistema fiscal, el candidato republicano propuso un máximo de 50.000 dólares exento de impuestos para las familias y una reducción de los tramos impositivos. Una reducción de impuestos a la clase media y una elevación a los más pudientes puede resultar interesante a priori, pero nada más lejos de la realidad. Estados Unidos arrastra desde hace años un desequilibrio fiscal que se podría acentuar con esta medida de política expansiva. Además, también ha propuesto un tipo máximo del 15% en el Impuesto de Sociedades, y la eliminación del Impuesto de Sucesiones.

En segundo lugar, y referente a la política de inmigración, han sido muy sonados sus comentarios en los que decía que pensaba deportar a todos los inmigrantes que se encontraran en situación irregular, estimando la cifra en 11 millones de expulsados. Otras fuentes citan que esta medida es demasiado populista y consideran que sería difícil superar la cifra de 600.000 inmigrantes indocumentados expulsados al año. Esta medida podría ser contraproducente también para la economía norteamericana debido a la pérdida de factor trabajo (inmigrantes irregulares que desempeñan ciertas tareas) y la merma del consumo de ese sector de la población, cayendo la demanda total. Tampoco podemos pasar por alto el hecho de que medidas restrictivas frente a la inmigración pueden generar una disminución de la competitividad al dificultar la entrada o permanencia de trabajadores extranjeros con una alta cualificación.

En tercer lugar, si hablamos de las relaciones comerciales con terceros países, Trump ha dejado claro que quiere restringir las existentes tanto con China como con México, imponiendo aranceles a las exportaciones procedentes de estos países, en concreto, un 35% para México y un 45% para China. Incluso se ha hablado de construir un muro entre EE.UU. y México para controlar el acceso de personas y mercancías, queriendo Trump que el coste de dicho muro fuera sufragado por los ciudadanos mexicanos. Estas medidas también tendrían su contrapartida, afectando a las empresas americanas que operen en dichas localizaciones, al dificultarse sus relaciones comerciales. Imponer medidas proteccionistas podría generar una carestía de materias primas para productores y bienes finales para consumidores estadounidenses. Los aranceles generarían un alza generalizada del nivel de precios y, por ende, de la inflación, con los efectos negativos que son conocidos por todos (pérdida de poder adquisitivo en general). Por no hablar de una posible guerra en los tipos de cambio de los países afectados, que podría arrastrar a la economía mundial en su conjunto a una situación de recesión. Como curiosidad relacionada con la medida propuesta por Trump, se ha llegado a especular que el precio de un iPhone, si Apple se viera obligada a fabricarlo en Estados Unidos, podría llegar a alcanzar los 2.000 dólares.

En cuarto lugar, centrándonos en el salario mínimo, el candidato republicano propuso incrementarlo hasta los 10 dólares a la hora, frente a los 15 que proponía Clinton, dando libertad a los diferentes estados para disminuirlos a discreción en función de sus circunstancias competitivas. Y, por último, en quinto lugar, en materia de protección al medio ambiente y contra al cambio climático, se incumpliría el acuerdo suscrito en el Protocolo de , ya que Trump considera que el cambio climático es un mito. Otras medidas propuestas serían la eliminación de la EPA (Environmental Protection Agency, Agencia de Protección Medioambiental, en español), el fomento del consumo de combustibles fósiles y de la energía nuclear, y restringir el consumo de energías renovables. Estas propuestas chocan frontalmente con las que proponía el y que se asemeja, salvando todas las distancias, con la Estrategia Europa 2020 en medida de protección medioambiental (fomento de las energías renovables, disminución de emisiones de gases de efecto invernadero, y disminución del consumo energético en toneladas equivalentes de petróleo).

En resumen, se trata de medidas controvertidas, como he comentado anteriormente, que han provocado una situación de incertidumbre que se tradujo en fuertes caídas en los parqués de todo el mundo. Sin embargo, dichas caídas se han ido moderando al ir observando, para alegría general, que el discurso de Trump se ha suavizado y que, quizás, no cambie tanto el statu quo actual. Y, con ello, quizás, y sólo quizás, podamos rebajar el nivel de incertidumbre. Finalizo con el título del artículo… Donde dije digo… y es que es difícil cambiar la situación de la noche a la mañana.