Muchos críticos del libre mercado acusan a éste de ser el causante de la aparición de los monopolios, siendo la consecuencia, una intervención del estado con el objetivo de solventar el problema. Sin embargo, el libre mercado con sus propias reglas de funcionamiento, basado en la obtención de ganancias y la propia asunción de riesgos y pérdidas, donde las empresas con mejores ventajas competitivas, bien por su competencia en precios, bien por su competencia en diferenciación del producto en base a la calidad, son las que en condiciones no intervencionistas coparían el nicho sectorial en el que se encuentran ubicadas. El presente artículo, más que una crítica al sector del taxi, pretende ser una apuesta por la modernización del mismo, que, en mi opinión, debe ir unida a una previa liberalización del mismo.

Desde que el ministro J.L.A. se decidiera a utilizar la fórmula del real decreto, por su carácter de extraordinaria y urgente necesidad; ratificada posteriormente por la sala de lo Contencioso-Administrativo del , llegamos hasta el pasado jueves cuando se procedía a la tramitación de la norma proponiendo su transformación en ley, permitiendo que la misma, en un plazo de 4 a 5 años, estableciera la configuración de estos servicios de , donde serán las CCAA y los consistorios municipales quienes tendrán el futuro del mercado de movilidad en sus manos, rompiendo de esta manera el principio de unidad de mercado, como principio esencial del funcionamiento de la economía española.

El impacto que genera a la sociedad el mantenimiento de un monopolio como el taxi, con la archiconocida restricción a una ratio del 1 a 30 (límite que no existe en otros países europeos y que retrasa, por tanto, a España respecto a sus socios), considerada en palabras del como idónea y proporcionada genera un sobrecoste a la sociedad de 603 millones de euros lo que se traduce en un importe de 5 euros más de media que los conductores pagan, si lo comparamos con lo que se pagaría en un mercado libre, según datos proporcionados en el informe que el pasado mes de abril UBER solicitó a la consultora AFI. Este sobrecoste que estamos obligados a pagar en la actualidad se debe a la necesidad que tiene el taxista de amortizar lo invertido en la licencia, una licencia ya amortizada por su anterior propietario.

En mi opinión, la solución no debe ser centrarse en los vehículos VTC, sino en todas las nuevas formas que surgen como alternativa a los taxis: como los nuevos paradigmas de coches compartidos como eMov o car2go; sin embargo, los taxis siguen teniendo el futuro en sus manos, y como toda empresa, debe contar con un plan de acción, un plan acorde a los tiempos. La solución, sin ir más lejos, pasaría por adaptarse a la demanda del sector, en pocas palabras, conocer qué quiere el consumidor y saber cómo valora el servicio prestado. Esto se consigue muy fácilmente con las famosísimas escalas Likert. Cualquier persona que utiliza en la actualidad un smartphone y utiliza diversidad de aplicaciones, es preguntado después de un tiempo de su utilización sobre la valoración que le merece la app utilizada; también, plataformas como booking te permiten valorar el servicio prestado por un determinado alojamiento. Una medida tan sencilla permitiría mejorar el servicio del taxi. Esto llevaría a su vez a otra reclamación, y es la centralización en una app de todos los taxis de una determinada zona. Esta app permitiría gestionar la manera de prestar el servicio sin dar lugar a frases del estilo: es imposible encontrar un taxi un sábado de madrugada. Y finalmente, el disponer de una app, de una escala de valoración, nos llevaría además a la variable-precio. Esta variable es más complicada que las medidas anteriores, pues muchas veces en el precio influyen elementos normativos en base al ayuntamiento que gobierna en cada momento, que hacen demasiado rígidos los precios. Este control es algo que las empresas VTC utilizan para expandirse en el mercado más fácilmente. Otro de los elementos que influiría para que los taxis empezaran a prestar un servicio de primera sería sin duda la existencia de precios prefijados. Estas aplicaciones VTC permiten al consumidor saber de antemano cuánto le va a costar el trayecto, permitiendo de esta manera comparar precios, pues ya no existiría esa incertidumbre de cuánto tendremos que pagar, el cual puede incluso variar en función de quien sea el conductor y de la congestión de la circulación. También podría resultar novedoso, y que es utilizado por otras plataformas como Blablacar, es el pagar por tarjeta antes de empezar el trayecto.

Aunque parezcan medidas sencillas, algunas de ellas implicarían el paso previo de una liberalización del sector del taxi, lo que podría llevar a que en poco tiempo se relegara a ámbitos muy concretos a las VTC, pues en palabras del Alto Tribunal, el servicio del taxi es considerado un servicio de interés general.

El futuro, por tanto, no pasa por acabar con los taxis o con las VTC, se trata de modernizar, de innovar en el servicio de la movilidad con las nuevas plataformas digitales mediante nuevas formas de regulación más flexibles que conllevarían muchos beneficios tanto para el consumidor como para los conductores y las ciudades. Una enumeración exhaustiva de los beneficios que generaría la liberalización en la regulación de licencias y tarifas daría lugar sin duda para otro artículo - que en caso de grandes ciudades aumentarían notablemente por las dificultades que conlleva el uso del vehículo particular. Sin embargo, es menester hacer referencia, a como una liberalización de los precios disminuiría el coste de oportunidad frente al uso de los vehículos privados, o la generación de nuevos empleos (unos 11.983 nuevos conductores en y , pudiendo llegar si se estableciese por completo el carpooling hasta la cifra de 77.000 empleos), un aumento de la recaudación fiscal y, finalmente, a una mejora en la calidad del aire.

Finalmente, y respondiendo a la pregunta formulada al principio, solo una apuesta incondicional por la innovación, que refuerce sus potenciales, puede hacer que se conviertan en líderes y ampliar la cuota de mercado en un sector tan clave como el sector de la movilidad.