Si uno se pone a pensar, la vida es un contrato. Cuando consumimos agua, hay un contrato de por medio, en la luz, el teléfono, una tarjeta de crédito, la compra de acciones, inversiones financieras…, y el trabajo, otro contrato más. La Economía, por tanto, no funciona sin contratos. Este año la Teoría de Contratos es la que ha permitido a Oliver Hart, de la Universidad de , y a Bengt Holmström, de la Universidad de Massachusets, ganar el Premio Nobel de Economía 2016.

El tema tiene más importancia de lo que pensamos. Cuando uno está realizando un contrato y se encuentra frente a él, es porque tiene cierto incentivo para firmarlo. Pero, ¿cuántas veces hemos llevado contratos importantes ante nuestro abogado de confianza para que sean revisados? Esto lo hacemos porque somos conscientes de los tipos de riesgo que conlleva. En un contrato, por tanto, encontramos incentivos económicos pero también ciertos riesgos.

Esta idea es la que tratan los profesores Hart y Holmström, que explican qué partes están involucradas en un contrato y la importancia de un equilibrio o punto óptimo entre incentivos y riesgos en el que todas las partes ganen.

El profesor Hart nació en en el año 1948. Es profesor de Economía en la desde el año 1993. Aunque en su origen se graduó en matemáticas, se pasó a la Economía obteniendo el doctorado y siendo docente en otras Universidades como o . Su trabajo se ha centrado en la Teoría de los Contratos, la Teoría de la , Finanzas , el Derecho y la Economía. El eje, por tanto, son los acuerdos contractuales en el gobierno de las empresas. Señala que los contratos son incompletos por definición, es decir, tratas de poner todo en detalle, pero siempre surgen eventualidades que hay que saber cómo solventar de forma que no haya conflictos y que las partes sigan ganando.

Holmström nació en en el año 1949. Es profesor de Economía y Empresa en el Massachussets Institute of Tecnology (MIT). Consiguió su doctorado en la y tras trabajar en empresas privadas se centró más tarde en la investigación académica, especialmente en la Teoría de los Contratos y los incentivos. Holmström ve equilibrio en los contratos alineando el pago o el incentivo que recibe el trabajador con el rendimiento que quiere alcanzar la empresa.

Para entender mejor estos conceptos supondremos un ejemplo sencillo. Vamos a imaginar que decidimos privatizar una cárcel dónde el contrato expone que se paga al administrador de la cárcel por cada joven que entra en prisión. De un momento a otro el juez comienza a encarcelar a todos los jóvenes por delitos menores a raíz de la privatización. Al final de la historia sale a la luz que este juez era corrupto y dicho contrato había generado incentivos perversos. Otro ejemplo de la vida cotidiana son las famosas hipotecas. Las cláusulas abusivas de hipotecas han beneficiado a muchos bancos y perjudicado gravemente a los que habían firmado la hipoteca sin leer la letra pequeña, donde se explicaba en ella los detalles de la relación.

En lo que respecta a la empresa, sabemos que continuamente se realizan contratos con trabajadores, gerentes, proveedores e incluso con el consumidor final, por lo que estamos gobernados por contratos. Pero cuando una de las dos partes tiene más información que la otra es lo que denominamos como información asimétrica.

Un ejemplo de este tipo de contrato es el caso de las compañías de seguros médicos. Si usted desea contratar un seguro médico, tiene mayor información que la empresa acerca de su salud, de tal forma que toma ventaja de la información adicional que usted tiene. Analizamos aquí otro concepto importante como es el conflicto de intereses.

En este punto Holmström afirma que para asegurarnos de que el paciente desarrolla un comportamiento adecuado y no acude cada día a la consulta por cualquier dolencia leve, se establece un coste por consulta. Así, cada vez que el paciente vaya a visitar a su médico pagará una pequeña cantidad de dinero, lo que limitará el número de visitas a las estrictamente necesarias. Sin embargo, si se establece un coste muy elevado el cliente no acudirá nunca al médico aunque tenga una dolencia grave. Por tanto, el seguro dejaría de ser atractivo para el paciente y, probablemente, no terminaría contratándolo, ausentándose de seguro médico y desmejorando su provisión de salud.

Ambos profesores han analizado y estudiado la estructura y naturaleza de los contratos para que al final la sociedad pueda redactarlos mejor y haya menos relaciones asimétricas. Además, cuando se redacta el contrato, la relación debe ser lo más ‘’justa’’ o equilibrada entre ambas partes. El objetivo final es que se maximice el valor de la transacción, es decir, el valor de la relación entre ambas partes, porque así seguiría habiendo incentivos a seguir haciendo contratos, lo que creará más valor en la economía.

El profesor Hart se centra más en cómo es imposible especificar en un contrato todos los posibles escenarios futuros que nos podríamos encontrar. Para ello habría que implantar unas reglas prestablecidas generales de fallo que dejen claro cuáles son los derechos de todas las partes indicadas. Mientras, Holmström y sus investigaciones han permitido mejorar cómo se establecen las remuneraciones y las oportunidades de promoción dentro de los contratos.

La teoría de contratos es considerada como una aplicación de modelos econométricos en la microeconomía e identifica una serie de obstáculos a la cooperación y sugiere que ellos son los más adecuados para superarlos.

Se puede estar o no de acuerdo con esta teoría, pero la realidad es que de alguna manera ha influido e influye en la toma de decisiones de empresas y gobiernos. De ahí la importancia de ser galardonada con el premio nobel de Economía este año. La gama de complejidad que cubren es muy amplia, desde acuerdos de palabra hasta volúmenes redactados por especialistas. Sin embargo, entender que varias partes con diferentes intereses se muevan por objetivos comunes permite mejorar el diseño de los mismos, en beneficio de la eficiencia económica, buscando reducir los efectos nocivos potenciales de conflictos de interés. A mí me surge una cuestión ante esta complejidad: ¿existiría una economía sin contratos?