La ética hace referencia a la filosofía moral y es una reflexión sobre lo que se debe hacer. Las escuelas éticas han ido cambiando, dando lugar en las sociedades democráticas actuales a la ética de los derechos humanos. Como condición inherente al individuo la ética se proyecta en la economía, aunque autores como Friedman anteponen la creación de riqueza y otros defienden el tópico “business is business” donde todo vale para subsistir.

Autores que han profundizado en la relación entre economía y ética son Amartya Sen que tambalea la figura del agente económico que maximiza su utilidad y enfatiza la capacidad del individuo a través de valores éticos, y William Baumol que defiende que incluso en un mercado perfecto (“contestable market”) es necesario un principio ético que garantice la permanencia del cliente.

La reciente explosión de las actividades financieras ha permitido que las finanzas adquieran autonomía sobre la economía real y cobran gran importancia el papel y la responsabilidad de los operadores financieros debido a los riesgos existentes a corto y largo plazo. Sin embargo, escándalos financieros como el “Caso Banesto”, el desfalco fraudulento del “Caso Ibercorp”, Mario Conde y los Albertos, el Caso Gescartera y sus “extratipos” o el Caso Enron entre otros, dejan en evidencia la imagen fiel del patrimonio que persigue la Contabilidad y ponen en entredicho la transparencia y la seguridad de la actividad financiera. Esos escándalos traicionan la confianza pública necesaria para el buen funcionamiento del sistema, haciendo fundamental el papel de la ética en las relaciones económicas y financieras.

En España la transformación social de las finanzas éticas a través de la responsabilidad social corporativa comienza hace unos quince años con los primeros fondos de inversión éticos. No obstante, los montes de piedad y las cajas de ahorro en el siglo XVIII ya realizaban labores sociales dejando a un lado la exclusión del sistema bancario y, junto con las cooperativas de crédito, son precursores de las finanzas socialmente responsables. Hoy día los productos más destacados son los fondos de inversión y pensiones éticos, las acciones y bonos solidarios y el ahorro socialmente responsable que intentan satisfacer la necesidad de los agentes intentando canalizar los recursos disponibles hacia proyectos benéficos sociales o medioambientales, evitando comportamientos negativos.

En Europa las finanzas éticas están orientadas al medioambiente y a movimientos ecologistas desde los 70, aunque hasta los 90 no se acelera el proceso de difusión. Existen notables diferencias desde los países pioneros y desarrollados en esta materia, como Holanda e Inglaterra, hasta los países mediterráneos. Los primeros se centran en la ecología y el desarrollo comunitario, mientras que los segundos en la solidaridad y la acción social. La Banca Ética es un intermediario financiero regido por unos principios que lo diferencian de la banca tradicional: la organización democrática y participativa, la transparencia y la reinversión del beneficio hacen que estos bancos se dediquen a algo más que un simple rendimiento económico y entiendan el dinero como instrumento de solidaridad.

En España, FIARE desde 2002 y Triodos Bank desde 2004 se han consolidado como instituciones representativas de la banca ética española. En el marco europeo destacan otras entidades como el Charity Bank inglés o la Banca Popolare Etica italiana además de la Federación Europea de Bancos Éticos y Alternativos (FEBEA) con sede en Bruselas.

El problema entre la ética y la economía y finanzas es que los mercados financieros deben transmitir credibilidad y generar confianza y los fraudes, abusos o la utilización de información pública en beneficio propio (“insider trading”) atentan contra la ética. En la industria de los servicios financieros existen múltiples conflictos de intereses que pueden perjudicar al cliente y en la dirección financiera existe el peligro de incrementar el riesgo de una operación buscando mayor rentabilidad y al mismo tiempo desestabilizar al resto de accionistas.

Las entidades financieras tienen el poder de dar o negar recursos de forma discrecional y deben usarlo de forma racional para otorgar crédito a aquellos que lo merecen. Los bancos tienen una responsabilidad con sus depositantes y la obligación de invertir adecuadamente los recursos obtenidos para no poner en peligro su solvencia y supervivencia.

Cuando esto no sucede ocurren situaciones como la de la crisis de 2007-2008 que ha demostrado ser una crisis ética. Las entidades financieras colocaban hipotecas a personas insolventes y los dirigentes ejecutivos de estas entidades trasladaban esa “carga” a otras entidades emprendiendo un ciclo que antes o después derivaría en el desastre. Pero los gobiernos que se han aprovechado de los beneficios inmobiliarios también han tenido culpa, así como los individuos que han vivido por encima de sus posibilidades.

El maquillaje contable realizado por Grecia y otros países centroeuropeos y los desacuerdos entre países y partidos políticos sobre distintas medidas económicas atentan contra la confianza de los mercados. Las prácticas anti-éticas deben evitarse tanto a nivel individual como a nivel institucional y del sistema económico en su conjunto y luchar contra los métodos de contabilidad creativa o intereses propios.

En conclusión, la ética mantiene una estrecha relación con la economía y las finanzas y es preciso potenciarla para generar el clima de confianza necesario para el buen funcionamiento del sistema, a través de legislación, autorregulación, creación de mecanismos y estructuras que favorezcan la responsabilidad social e implantación de códigos éticos de conducta.