El número de asalariados crece en 216.800 personas en el tercer trimestre de 2016. Los asalariados con contrato temporal aumentan en 213.000, mientras que los indefinidos caen en 29.100. Estos datos ponen cara a la temporalidad en nuestro país: un mercado laboral que no abandona su tendencia histórica, sino que en cierta medida la agrava. Pero, no todas las realidades tienen cara. Los medios de comunicación raramente usarán la EPA para algo distinto que la simple descripción de la tasa de desempleo. Sin embargo, sus datos nos permiten conocer algo más allá de la temporalidad, aunque la mayoría de veces quede latente.

Para muestra un botón. Según la última EPA, la referente al tercer trimestre de 2016, los ocupados con contrato a tiempo completo se acercan a los 16 millones, de los cuales un 60,83% corresponde a hombres y un 40,87% a mujeres. Sin embargo, los ocupados con contrato a tiempo parcial se cifran en torno a los 2.697.000, de los cuales llama la atención que un 72,10% son mujeres y un 27,89% hombres. Las conclusiones son claras: las mujeres ocupan la mayoría de la contratación a tiempo parcial, mientras que los hombres predominan en los contratos a tiempo completo. Estos datos no representan una realidad inusual, sino que están dentro de la tendencia histórica tanto nacional como del resto de Europa. Durante la crisis ha existido cierta convergencia, ya que la contratación a tiempo parcial ha aumentado en favor de los hombres y ha disminuido en favor de las mujeres, pero aún así los resultados siguen siendo muy abultados.

Seguramente las razones de estos datos sean múltiples y complejas de cuantificar, pero sin duda detrás de ellas hay una que predomina sobre el resto: una distribución de roles desigual dependiendo del género.

Venimos de una tradición donde la mujer apenas tenía cabida en el mercado laboral. Su rol no era el de encontrar un trabajo remunerado, sino el de ocuparse del cuidado de la niños, enfermos y el hogar. Este trabajo no pasaba por el mercado, pero sin duda le aportaba valor al resto de trabajos en el mercado. Con las últimas décadas del siglo XX, la mujer comenzó a incorporarse gradualmente al mercado laboral, ocupando incluso puestos de trabajo que históricamente habían sido desempeñados por hombres.

Pero que la distribución del empleo cambie no quiere decir que también cambie la distribución de los roles. Una muestra de ello son los datos de contratación a tiempo parcial que solo se explican en un mercado de trabajo donde los hombres ocupan contratos a jornada completa, mientras que las mujeres se distribuyen su tiempo entre las labores del hogar y un contrato a tiempo parcial. Esto es lo que se conoce en la teoría feminista como “doble jornada”, que no es otra cosa que la compatibilización de la mujer de un trabajo externo y otro interno, es decir del doméstico. Por un lado, esto no solo deja a las mujeres en una posición excluyente, sino que limita sus posibilidades de competir con el hombre en el mercado de trabajo. Por otro, posiciona a la mujer en puestos de trabajo con menor remuneración, mayor precariedad y peores condiciones laborales que los hombres, a lo que hay que sumarle menores cotizaciones a la seguridad social. Según un estudio de la Cámara de Comercio de Cataluña, la brecha salarial entre hombres y mujeres en Cataluña es del 19%. Además, las pensiones y prestaciones por desempleo son un 31% y 12% menores que las de los hombres. Hasta ahora la formación se había considerado un factor determinante contra la desigualdad laboral, pero ésta no es suficiente, porque aunque las mujeres poseen más del 50% de los títulos sus posibilidades no terminan reflejándose en el mercado de trabajo. Además, la situación empeora después de ser madres.

Si consultamos la última encuesta de Empleo del Tiempo del INE podemos observar que las mujeres dedican como media social al hogar y familia alrededor de 4 horas por día, mientras que los hombres 1 hora y 50 minutos. Sin embargo, cuando se habla de trabajo en el mercado, las mujeres pasan a dedicar 1 horas y 53 minutos diarios y los hombres 3 horas aproximadamente. Si sumamos el número de horas de trabajo en el mercado y en el hogar, la conclusión es que las mujeres trabajan de media una hora más que los hombres, por tanto cuentan con una hora menos para dedicarla al ocio.

Con salarios inferiores, peores condiciones laborales y con una mayoría en la contratación a tiempo parcial, las mujeres siguen dedicando más horas al trabajo que los hombres. Además, parte de esas horas son consideradas invisibles por los indicadores económicos, aunque su contribución a la economía nacional sí sea importante. En este contexto, el rancio reparto de roles sigue sin sanarse, a pesar de que sus consecuencias condicionan el día a día de las mujeres.