Acuerdo de Paris, Protocolo de Kioto, ¡Qué desastre! ¡EEUU se ha salido del protocolo de Kioto! Cuando pensamos en cambio climático, las primeras medidas que se nos vienen a la mente son los grandes acuerdos internacionales, totalmente necesarios, ya que sin la colaboración de los gobiernos, lograr una economía baja en emisiones y realmente concienciada con el sería imposible.

Sin embargo, para analizar el medio ambiente, y el impacto que tienen nuestras actuaciones sobre el mismo, debemos empezar a mirar nuestros comportamientos desde más abajo, desde una perspectiva más micro.

Según el Área de Coyuntura Nacional de la SGACPE (Subdirección General de Análisis Coyuntural y Previsiones Económicas) –perteneciente al , Industria y Competitividad-, desde los últimos años, el nivel de consumo en España no ha hecho más que aumentar. Podemos definir este comportamiento totalmente contrario al fin que se supone que se persigue con esos acuerdos. Cuando los individuos adquirimos un producto o servicio cualquiera, poco nos fijamos de donde viene, y el proceso que se ha llevado a cabo para la producción del mismo. Este es el problema de la articulación de nuestra sociedad de consumo actual. Las empresas a través de diversas campañas no hacen más que ver aumentados sus ingresos, sin importarles cualquier impacto sobre el medio ambiente.

Hace 5 años en España no se realizaba el Black Friday, o la iniciativa de para el 11 de noviembre calificado como el día de los solteros. Todas estas campañas anteriormente citadas no formaban parte de la cultura española. Sin embargo, cada año sus seguidores son cada vez más numerosos. Para hablar en cifras, en el 11/11 de Alibaba, la empresa factura en un solo día más que el Corte Inglés en todo un año. En concreto, el año pasado, estas ventas fueron de 16.408 millones de euros. Suponen cifras astronómicas, las cuales se apoyan en grandes descuentos y campañas de marketing muy agresivas.

Todos estos comportamientos chocan con una economía ecológicamente concienciada con el medio ambiente. Cuando realizamos estas compras, que en su mayoría son compulsivas, los productos que adquirimos no son realmente necesarios, por lo que no estamos llevando a cabo un comportamiento racional desde el punto de vista económico. De esta manera, lo único que estamos consiguiendo a escala macro son mayores emisiones de CO2, tala de árboles, condiciones laborales precarias… Y todo ello es promovido por las grandes empresas que ven aumentados sus ingresos más y más, con independencia de que sus productos cubran necesidades reales o no.

Vivimos en una sociedad ecológicamente analfabeta, en la que nos creemos que por que se realicen grandes acuerdos internacionales, ya estamos tratando el problema. Sin embargo, a pesar de ellos nosotros seguimos manteniendo nuestro nivel de consumo, sin preocuparnos sobre el impacto que ocasiona la compra de un producto nuevo, como una camiseta o un teléfono móvil.

A la hora de analizar la industria de la tecnología, ésta queda lejos de estar concienciada con el medio ambiente. En la caja en la que está embalado el teléfono móvil se puede leer que el papel es reciclado y biodegradable. No obstante, ¿realmente ésa es la ética de la empresa? La durabilidad media de un móvil actualmente no es superior a los tres-cuatro años –siendo muy optimistas-, ya que muchas de las actualizaciones necesarias, pasado ese tiempo, ya no las soporta el terminal, pues se ha quedado obsoleto. Ante esta obsolescencia programada –e intencionada- nos preguntamos si las empresas no la podrían remediar. No lo creo, ya que actualmente existen corrientes de economía circular que permiten actualizar estos dispositivos sin la necesidad de comprar uno nuevo, lo que supone poner en marcha otra vez toda la cadena productiva, con el impacto medioambiental que ello supone.

En la industria textil, por poner otro ejemplo, cada vez los materiales son de peor calidad, tanto en grandes cadenas como , como en marcas más exclusivas. En el fondo, todas persiguen el mismo fin, que consiste en renovar con mayor frecuencia cada prenda. A pesar de estos ejemplos hay empresas como “Nudie Jeans” (empresa de vaqueros sueca nacida en 2001) que se dedican a la venta de vaqueros de una calidad alta y cuentan con un servicio de reparación para poder darle una segunda vida a esa prenda. Otro ejemplo es “Barbour” (empresa británica de ropa fundada en 1894) que lleva a cabo prácticas de reparación como la anteriormente nombrada. Con ello, lo que se pretende es darle una mayor vida a los productos evitando la compra de uno nuevo y que el anterior se tire a la basura.

Por consiguiente, no creo que el problema consista en no tener medios, sino en no querer ponerlos en práctica, ya que, por ejemplo, con esta economía circular las empresas seguirían viendo aumentados sus beneficios, pues a la hora de actualizar el dispositivo o arreglarlo, se acudiría de nuevo a la marca. Sin embargo, estas empresas se basan en crear continuas necesidades en los individuos, aumentando así el consumo y la obligación de estar a la última.

Por todo lo dicho, parecen ser necesarios muchos más mecanismos que conciencien sobre la preservación del medio ambiente que los “simples” grandes acuerdos internacionales, ya que en nuestro día a día llevamos en general pocas prácticas éticamente correctas, por lo que tenemos mucho en lo que trabajar y avanzar para poder conseguirlo.