El Gobierno ha dado a conocer a través del Secretario de Estado de Energía, , que no planea prorrogar las licencias para las centrales nucleares una vez que éstas hayan cumplido los 40 años de vida útil. El ejecutivo cerrará las 7 centrales nucleares existentes en España antes de 2030, intentando que ese cierre sea ordenado y se realice de manera escalonada.

Según lo previsto, las fechas de cierre de las centrales serían las siguientes: la central de Almaraz I, en septiembre de 2023, la de Almaraz II en septiembre de 2024, Ascó I en diciembre de 2024, la de Cofrentes en marzo de 2025, Ascó II en diciembre de 2026, Vandellós II en marzo de 2028 y, por último, la de Trillo, que cerraría en agosto de ese mismo año.

Domínguez Abascal también señaló que, de las 14 centrales térmicas de carbón, 9 serán cerradas en junio de 2020 tras no haberse realizado las inversiones establecidas por Europa en desnitrificación y desulfurización que habrían permitido continuar con la actividad. En cuanto a las 5 restantes, está previsto, según el gobierno, que cesen su actividad antes de 2030, aunque no se impondrá su cierre.

Esas 5 centrales que sobrevivirán al cierre de 2020 son las de (La Coruña), (), Los Barrios (), Aboño y Soto de Rivera (ambas en ).

El Secretario de Estado se refirió, en último lugar, al sector gasista, explicando que el Gobierno confía en que el gas juegue un papel importante en la primera fase de transición hacia las energías renovables tras el abandono del carbón, pero que si quiere seguir estando presente en este proceso de cambio, deberá basarse en un gas renovable, el hidrógeno.

Tras estas declaraciones de Domínguez Abascal en representación del Gobierno, surge la duda de si esta decisión es acertada. El ejecutivo basa su decisión en que el coste de cerrar las centrales nucleares es menor que el coste que supone gestionar los residuos que estas producen, además de que el periodo de vida útil de las centrales nucleares llega a su fin.

Pero lo cierto es que ese periodo de tiempo de 40 años es el que se fijó como periodo de amortización mínimo para recuperar la inversión, puesto que las centrales conllevan unos enormes costes fijos que deben ser cubiertos en un espacio de tiempo prolongado. Una vez que se han recuperado esos costes, las centrales nucleares son activos fijos cuya vida útil puede ser prolongada si su conservación es adecuada y si se efectúa una inversión extra para sustituir los elementos del activo que hayan sufrido un desgaste excesivo como consecuencia del paso del tiempo.

En nuestro país, el estado de conservación de las plantas nucleares es adecuado, y fruto de ello es la inexistencia de accidentes nucleares que hayan provocado daños económicos o víctimas mortales. De hecho, desde el año 1990 solo se han registrado 3 anomalías catalogadas como incidentes leves, por lo que esos 40 años de vida útil serían fácilmente prorrogables con una inversión extra no demasiado elevada.

Por otra parte, el problema de sustituir las energías tradicionales por energías renovables es la inestabilidad en el suministro que caracteriza a las segundas. Teniendo en cuenta que en el mercado eléctrico no sólo se comercia con la energía sino también con un mercado de garantías de potencia, las energías renovables tienen serios problemas para comprometerse por adelantado a producir la energía necesaria que cubra las demandas de los minoristas. En este sentido, conviene señalar que la diferencia entre potencia instalada (capacidad de generación de energía bajo condiciones óptimas) y potencia efectiva (capacidad real de entregar energía en el futuro) es mayor en las energías renovables que en las convencionales, ya que las primeras dependen de factores tan inestables como el sol o el viento.

En conclusión, considero que la decisión sobre la conveniencia de continuar o no con las centrales nucleares debe ser puramente económica y no política. Si existieran energías que compitieran con precios más bajos que la nuclear, ningún agente privado tendría la intención de construir una nueva planta nuclear, pero si fuera al contrario, y la energía obtenida fuera limpia, eficiente, renovable y competitiva, esos agentes privados construirían las centrales necesarias para cubrir la demanda de energía.