Referencia del texto completo:

Cecilia Albert y (2011) POBREZA MONETARIA, EXCLUSIÓN EDUCATIVA Y PRIVACIÓN MATERIAL DE LOS JÓVENES, Revista de Economía Aplicada Número 56 (vol. XIX), págs. 59 a 88. http://www.revecap.com/revista/default.html

Hace unos meses la Revista de Economía Aplicada publicó un estudio de María Ángeles Davia (UCLM, ) y Cecilia Albert () sobre la pobreza de los jóvenes en España. En el estudio el concepto de pobreza se extiende a tres realidades: la pobreza monetaria, la privación material (carencias en la vivienda, retrasos en pagos, entre otras cosas) y la exclusión educativa (no haber conseguido llegar más allá de la Educación Secundaria Obligatoria). El estudio analizó una muestra de jóvenes extraída de la Encuesta de Condiciones de Vida, del y cubre el periodo 2004-2006.

Con este enfoque multidimensional se pretendía comprobar hasta qué punto los jóvenes más vulnerables tienen un perfil común en esas dimensiones porque, en caso de que así sea, las políticas de redistribución de la renta deberían resolver el problema de la pobreza en sus distintas vertientes. Sin embargo, de no ser así, las políticas de fomento del bienestar deberían ser distintas para distintos perfiles de jóvenes, en función del problema que se quisiera atender.

En este sentido, se observa que el riesgo de exclusión educativa responde más a la renta del hogar de lo que lo hacen otros indicadores, como los problemas de la vivienda. La renta del hogar influye en el riesgo de carencias materiales. Los resultados corroboran que hay relación entre pobreza monetaria y otros ámbitos no monetarios de la pobreza, de modo que las medidas redistributivas de renta pueden contribuir a paliar algunos problemas, pero no pueden ser la única estrategia.

Los perfiles de pobreza que se han detectado se pueden resumir en varios ámbitos: las características socio-demográficas, los logros educativos, la renta y composición del hogar, la discapacidad y nacionalidad, y la vinculación con el mercado de trabajo.

Los varones que viven emancipados de sus padres tienen un mayor riesgo de pobreza monetaria y exclusión educativa, mientras que no existen diferencias por sexo en la privación material. Además, aunque esperaríamos que los jóvenes disminuyeran sus riesgos de pobreza con la edad, sin embargo, una vez controladas otras características personales y familiares, no se advierten diferencias en este sentido.

Los jóvenes con menores logros educativos son más vulnerables a la pobreza monetaria y a la privación material, si bien la educación por sí sola no protege del riesgo de padecer problemas en la vivienda. También los jóvenes con algún tipo de discapacidad son más vulnerables a todos los ámbitos de pobreza analizados, empezando, precisamente, por el educativo.

De los resultados de este trabajo no se desprende que los jóvenes que no conviven con sus padres sean más vulnerables que los que todavía conviven con ellos. De hecho, quienes conviven con un solo progenitor tienen mayores riesgos que quienes viven en pareja. Los jóvenes españoles no se independizan hasta no ver reducido su riesgo de pobreza y privación, lo que se refleja en escasas diferencias en los patrones de pobreza y privación entre jóvenes que no conviven y los que sí conviven con sus padres.

La situación laboral también contribuye a identificar a colectivos relativamente protegidos de los problemas económicos (los ocupados a tiempo completo) y a los vulnerables: los desempleados. Finalmente, los inmigrantes no comunitarios tienen mayor riesgo de pobreza pero no un mayor riesgo de exclusión educativa, lo que sugiere que su integración social es ciertamente mejorable.

De estos resultados se puede derivar la conclusión fundamental de que existen diferencias entre los perfiles que presentan cada una de las tres dimensiones de la pobreza que hemos estudiado, lo cual corrobora la necesidad de atender a todos ellos (y no sólo a uno, el monetario, que es inicialmente el más inmediato). La consecuencia que esto tiene para las políticas sociales destinadas a la reducción de la pobreza de la población joven es que deben tener en cuenta diversos ejes de actuación. Por ejemplo, una reducción de la tasa de abandono escolar contribuiría a reducir los niveles de pobreza monetaria y de privación material, pero no de problemas con la vivienda, lo que hace pensar que son necesarias políticas específicas para resolver los problemas de vivienda de los jóvenes. Especial atención requieren los jóvenes más vulnerables como los afectados por la discapacidad y los inmigrantes no comunitarios, así como las familias jóvenes con niños.

Actualmente se encuentra en curso otro estudio que alcanza hasta el año 2010 para medir los efectos de la crisis, pues se ha detectado un aumento en la desigualdad y la pobreza en los jóvenes en estos últimos dos años. Por eso ahora nuestro objetivo es detectar nuevos núcleos de pobreza en los jóvenes o si se han agravado los problemas ya existentes, así como encontrar diferencias en estos problemas a lo largo y ancho del territorio nacional, para ver qué características de las economías regionales contribuyen a reducir la vulnerabilidad económica y social de los jóvenes.